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Poeta en Nueva York

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En este libro Lorca habla sobre la deshumanización que encuentra en Nueva York, basándose en los negros, a quienes ve tratados como una raza rechazada. Critica a los ris y a la ciudad en poemas como ‘El rey de Harlem’, ‘New York oficina y denuncia’ o ‘Panorama de Nueva York’. A pesar de que cuesta identificar una progresión narrativa debido a lo abstractos que son sus poemas, cerca del final del libro estos se tornan más alegres, y hasta llegan a integrar más “ritmo”. Lorca demuestra su sensibilidad hacia las personas débiles, los apartados que sufren en la ciudad, provocando en él una conmoción violenta, resaltando la injusticia social que vivió en Nueva York.

EL REY DE HARLEM

Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos

y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán

los niños machacaban pequeñas ardillas

con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,

para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos,

a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

Tenía la noche una hendidura

y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,

y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.

Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos

y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos

y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas

para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

Es por el silencio sapientísimo

cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,

el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

A la izquierda, a la derecha, por el Sur y por el Norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.
El sol que se desliza por los bosques

seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río

y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas tumben postreras azoteas.

Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas

y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,

a través de láminas grises,
donde flotan sus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

En este poema se habla de Harlem, un Barrio de Nueva York en el cual viven pe

rsonas de la raza negra

(de clase media/ baja). Lorca cuenta a través del poema la situación de la raza negra.

En mi opinión, en una primera parte se menciona a un rey de Harlem, persona cruel y de mucho poder (en

mi opinión representa a la raza blanca con

poder) maltrata y se aprovecha de los monos

y cocodrilos (aquí, los negros están representados como animales, mostrando su mala condición de vida y

debilidad) arran

cándoles los ojos y

golpeándolos con una cuchara, privándolos de las mínimas condiciones de salud e higiene. Razón por la cual se enfentran.

El poema lo relacione con la

imagen de Martin Luther King, ya que fue una importante persona que luchó por los derechos civiles

de la raza negra, en los Estados Unidos.

Estados Unidos.

Publicado por Federico Kakazu

¿Nueva York?

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Panorama ciego de Nueva York

de Federico García Lorca



Si no son los pájaros

cubiertos de ceniza,

si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,

serán las delicadas criaturas del aire

que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.

Pero no, no son los pájaros,

porque los pájaros están a punto de ser bueyes;

pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna

y son siempre muchachos heridos

antes de que los jueces levanten la tela.


Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,

pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.

No está en el aire ni en nuestra vida,

ni en estas terrazas llenas de humo.

El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas

es una pequeña quemadura infinita

en los ojos inocentes de los otros sistemas.


Un traje abandonado pesa tanto en los hombros

que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas.

Y las que mueren de parto saben en la última hora

que todo rumor será piedra y toda huella latido.


Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales

donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.

Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas

pequeñas golondrinas con muletas

que sabían pronunciar la palabra amor.


No, no son los pájaros.

No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,

ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,

ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada.

Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,

es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz,

es una escala indefinible donde las nubes y rosas olvidan

el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.

Yo muchas veces me he perdido

para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas

y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas

y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.

Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas

donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos,

plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas

y para la tierna intimidad de los volcanes.


No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,

pero dientes que callarán aislados por el raso negro.

No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.

La tierra con sus puertas de siempre

que llevan al rubor de los frutos.



El estilo de escritura que utiliza Federico García Lorca en este libro se basa en el uso de metáforas que generan una imagen en la cabeza. A veces es difícil encontrar esa imagen y es necesario releer cada verso para poder encontrarla y llegar a un significado final. No siempre estas imágenes siguen un razonamiento lógico. A esto se lo llama surrealismo, ya que mediante estas imágenes podemos entender las emociones del escritor en aquel momento.
En este libro Lorca habla sobre la deshumanización que encuentra en Nueva York, basándose en los negros a los que ve que son tratados como una raza rechazada. Critica a los ricos y a la ciudad en poemas como ‘El rey de Harlem’, ‘New York oficina y denuncia’ o ‘Panorama de Nueva York’. En este último Lorca demuestra su sensibilidad hacia las personas débiles, los apartados que sufren en la ciudad, provocando en él una conmoción violenta. Entonces resalta la injusticia social que vio en Nueva York. La poesía empieza comparando los pájaros con la multitud que sufre, diciendo que si esta gente no va a manifestar la propia condición social en la que vive, será él quien lo denuncie, porque no puede ver la superioridad de los ricos hacia los pobres. Sólo quienes sufren pueden comprender el verdadero significado del dolor que es comparable a la muerte. No se trata de un dolor físico, sino de un dolor espiritual.
Los niños, no conociendo la verdadera realidad del mundo, piensan que está lleno de amor y de paz .Toda reacción ante el suicidio o el nacimiento de un niño en el libro se han vuelto autómata, ya que es algo habitual en esta ciudad. Es más, todo intento de salvación es inútil. El poeta ha comprendido que la verdadera causa del sufrimiento es la indiferencia del individuo, que sabiendo que en la sociedad existen seres humanos que luchan para sobrevivir, continuó con su propia vida. Estos versos son un grito de dolor y de protesta. Podemos ver claramente, que Lorca describe a la ciudad, como él la percibe en ese momento, “Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz”.
La ciudad es el personaje principal, pero en este poema se ve como lidia con los elementos secundarios, en este caso el aire y los pájaros, “Serán las delicadas criaturas del aire que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.”En este poema se aprecia la dualidad de dos muy diferentes que deben convivir diariamente, la naturaleza y la ciudad. ¿Cómo un lugar que era todo campo pudo convertirse en la ciudad más importante de un país? ¿Cómo pudieron destruir la naturaleza y reemplazarla por árboles de cemento? Es algo que nunca se va a saber y que Lorca critica constantemente en este libro.